07/04/2020


Pedro Zaragoza, el hombre que inventó Benidorm

Benidorm es sinónimo de turismo de sol y playa. Benidorm, como las botellas, es vertical. Bajo sus rascacielos se vive la vida como en pocos lugares. Hay fiesta, hay deporte, hay alegría y muchas cosas más. Para conocer la historia que hay detrás de Benidorm es imprescindible visualizar el documental “El hombre que embotelló el sol”. ¿Quién es ese hombre? Pues ni más ni menos que Pedro Zaragoza, el alcalde que hizo posible que una aldea de pescadores se convirtiera en la Nueva York del Mediterráneo.

A finales de los años 50 del siglo XX, Benidorm, entonces un pequeño pueblo de pescadores, inició de la mano de su alcalde Pedro Zaragoza una transformación que  lo ha llevado a convertirse en lugar de vacaciones de millones de personas cada año.

Óscar Bernácer es el director y guionista, junto a Joana M. Ortueta, del documental “El hombre que embotelló el sol”. En él se recorre el paso que hizo Benidorm de ser una pequeña aldea a convertirse en destino vacacional de millones de turistas españoles y extranjeros. El artífice fue Pedro Zaragoza, alcalde y jefe local del Movimiento. Zaragoza vio las enormes posibilidades que tenía su pueblo para atraer el turismo, sobretodo procedente del norte de Europa, que en los años 60 deseaba alejarse del frío de sus países para tomar el sol y bañarse en aguas mediterráneas. Para ello no escatimó recursos.

Fotograma del documental en el que se ve una foto de Pedro Zaragoza

En el documental sobre Pedro Zaragoza habla desde su hijo, Francisco Zaragoza, hasta historiadores, periodistas, arquitectos o personas que trabajaron con él y recuerdan muchas de las anécdotas que proliferaron en aquellos años, muchas de las cuales protagonizadas por el propio Zaragoza.

Una de estas anécdotas es la que se refiere a la Isla de Benidorm. La Isla estuvo a punto de pasar a manos del estado tras la publicación de un decreto en el que se decía que todas las islas e islotes españolas que no estuvieran habitados pasaban a ser propiedad estatal. Pedro Zaragoza, entonces, decidió que no, que la Isla de Benidorm era de Benidorm. Construyó una pequeña caseta y promulgó un decreto en el que nombraba un guardián de la isla con “obligación de vivir en ella”. De este modo, poniendo un habitante sobre la isla, logró su propósito y ésta sigue siendo propiedad municipal, hasta hoy en día.

Pedro Zaragoza promocionó Benidorm por tierra, mar y aire. Los ejemplos son innumerables. Junto con su amigo Salvador, viticultor, producía botellas de vino con la etiqueta de Benidorm y las regalaba a quien creía que podía ayudar en la promoción de “su” ciudad. ¡Llegó a regalar estas botellas a la Reina de Inglaterra! El suyo era un marketing turístico inteligente. Puso anuncios en todas las carreteras europeas en los que se podía leer cosas como: “Está usted llegando a Benidorm. Faltan 2.300 kilómetros”. Era una aficionado, pero con un enorme coraje para hacer cosas que ningún profesional del marketing se hubiera atrevido a hacer.

Pedro Zaragoza con la familia lapona a la que invitó a pasar unos días en Benidorm

Hay anécdotas impagables, como cuando Pedro Zaragoza invitó a un matrimonio lapón y a dos de sus hijas a pasar unos días en Benidorm. Estos llegaron y se pasearon por todo el pueblo ataviados con sus trajes regionales. Lo gracioso del caso es que, cuando les ofrecieron bañarse en el mar, lo que hicieron fue desnudarse completamente, excepto los calcetines, con gran escándalo de todos los presentes que inmediatamente les dijeron que no podían bañarse desnudos. Con todos los fotógrafos disparando sus cámaras como locos, Zaragozo logró convencerles que no guardaran las imágenes porque sino le escándalo hubiera sido fenomenal.

Tras Benidorm llevaron a la familia lapona a Madrid donde les presentaron a Franco. Obviamente aparecieron en todos los informativos y no solo españoles. La prensa finlandesa, sueca, noruega y, hasta la de Gran Bretaña, se hizo eco que unos lapones se habían paseado por un lugar llamado Benidorm. Realmente un logro extraordinario en aquella época.

Fotograma del documental en el que se recrea uno de los rótulos de tráfico que Zaragoza puso por toda Europa

Otro ejemplo de la visión del marketing que tenía Zaragoza lo explica el documental con el caso de las parejas vascas de recién casados. A través de la Caja de Ahorros invitó a 60 parejas de recién casados de Vizcaya a pasar su viaje de novios en Benidorm con todos los gastos pagados. Allí llegaron a bordo de tres autocares escoltados por la Guardia Civil y fueron recibidos con tracas y alojados a todo tren. Con estas iniciativas Pedro Zaragoza sembraba donde sabía que iba a encontrar buenos clientes. Y no andaba equivocado porqué ahora Benidorm está lleno de vascos.

El turismo es una fantasia y hay que venderla. Pedro adornaba muchas de sus historias, pero en su mayoría eran verdad, y como dice su hijo en el documental, al final lo que hizo, estuviera más adornado o menos, fue para bien de la ciudad.

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